SENSACIÓN DE VIVIR

Amigos lectores: Sabe Dios que he evitado el siquiera pensar en el tormento que voy a narraros hoy. De hecho, la sola mención de su nombre produce en mi cuerpo la mayor de las diarreas. Pero lamentablemente, las últimas y preocupantes noticias de un futuro regreso en forma de revival, me obligan a intervenir y, pese a poner en juego mi salud rectal, advertir a aquellos que la padecieron y avisar a esos otros que no la conocieron que… ¡"Sensación de vivir" vuelve! Sí, amigos, sí. La jiñada de Aaron Spelling que los yanquis llamaron “Beverly Hills 90210” y que Telecinco (como es habitual en este país) tituló como le salio de las pelotas, está a punto de plantarse en nuestros televisores y convertirse en nuestro Guantánamo particular.

¡Típica pandilla de domingo en la O’Connel!

Porque veamos: una serie que trata sobre la vida de un grupo de adolescentes privilegiados, viviendo en la lujosa y adinerada comunidad de Beverly Hills, y cuyos principales problemas son si comprar condones sabor a fresa o a plátano y usarlos en el asiento de atrás del Porsche o el Corvette, pues no me parece que tenga que ver mucho con el españolito adolescente medio (¡Aunque no sé de qué me sorprendo, observando el éxito de “Sin tetas no hay paraíso”, y de la que ya hablaremos dentro de 10 años!). El caso es que esta serie era una puta mierda con mayúsculas que volvió gilipollas a dos tercios de las tías que la siguieron, y de los tíos, al 70% los estropeó el esperma, así sin más.

Y es que, y ya nos echamos la primera risa, resulta que todo parte de esta premisa: Jim y Cindy, aburrido matrimonio practicante de un misionero semanal, se mudan por motivos de trabajo de la nevada Minnesota a la cálida California (donde, curiosamente, ¡Encontrarán más nieve!), y se llevan a sus hijos (gemelos, como es habitual) con ellos, para joderles las amistades y todo ese rollo. Y en un principio la cosa iba a ir por ahí. De cómo este par de gañanes se integraba en un mundo tan diferente al suyo. Pero como los guionistas, cucos ellos, tras un par de episodios vieron que por ese camino se iban a ir a tomar por culo en cero coma, dieron un giro al argumento y así, en una semana, él tenía un Mustang y a ella se la habían metido por el culo un par de veces, mientras que la serie se centraba en otros aspectos cotidianos de la vida juvenil californiana, tales como violaciones en la primera cita, el alcoholismo y abuso de drogas, el suicidio de adolescentes y los embarazos no deseados ¡Tal y cómo pasa en mi barrio! (Bueno, lo del alcohol y drogas, pues sí, pero algo teníamos que copiar, ¿No?).

¡Hazme la foto ya que me estoy cagando, joputa!

De esta forma, algunas peripecias por las que pasaron estos pobres chicos, y que nos hicieron identificarnos tanto con ellos, fueron las siguientes: Brandon Walsh, excelente alumno, redactor del periódico en el instituto y universidad, y Presidente del Cuerpo de Estudiantes, encuentra tiempo para trabajar de camarero, engancharse a las apuestas, darle a las pirulas y cepillarse al primer chocho que asomase el pelo por allí, al igual que te pasa a ti y a mi, amigo lector. Su hermana Brenda (¡Gran zorrón!), según pisó California ya estaba merendándose el rabo del ¿Macarra? de la serie para más tarde discutir con su (nueva) mejor amiga quien también quería del hot-dog. Al final, los propios productores la mandaron a dar el coñazo a “Embrujadas” después de dejar un especial San Valentín para la historia, donde el regalo a su novio fue llevarle a donar sangre (y no semen, como quería el colega). Éste, Dylan McKay es la versión americana de Paquirrín, con padre en la cárcel incluido. Posee pasta para aburrir, pero es un chico tan rebelde y conflictivo que vive en un hotel y tiene problemas con el alcohol y las drogas (“¡Qué no lo vendan!” dice). Mojar el churro se le da más que bien (¡No te jode, ’ta forrao!), pero el día que decide casarse, van y matan a la novia, por lo que vuelve a caer en las drogas y de ahí no sale hasta que…. vuelve con su gran amor, Kelly Taylor, y a su vez mejor amiga de su “ex”. A esta la pasa de todo: su madre es alcohólica y cocainómana; la pegan un tiro; entra en una secta; se engancha a la zarpa; Brandon la preña pero tiene un aborto; sufre acoso sexual; es víctima de una violación… Vamos, ¡Qué solo la falta incubar un alien!

Y con estas dos parejitas y “cuadrado” amoroso voy a dejarlo que no hay más espacio. Quizás otro día retome este truño y desenmascare al resto de la pandi. Mientras, ¡No cambiéis de canal y hasta la próxima!

1 comentario:

Saiza dijo...

jajaja..me parto de risa, siempre haces la visión divertida y además es que llevas razón era una p..m y eso que me suena vagamente haberla visto. ¡Un abrazo!