MENUDO ES MI PADRE

¡Los 90 fueron una gran década para el compost televisivo! De los propios excrementos de una serie nacían otras, cual plantas entre el estiércol. Así, desde Canalnostalgia, observadores de este proceso involutivo, contemplamos como de una puta mierda como fue “Farmacia de guardia”, su basura, pura boñiga televisiva, produjo el suficiente abono para dar lugar al cagarro conocido como “Menudo es mi padre”. Porque hoy, emocionados lectores, toca homenajear al Fary, quien en el mencionado detritus, daba vida al pitufo taxista de un barrio deprimido y proletario, teniendo que sacar adelante a su patética y disfuncional familia entre zancadillas de la vida, amigos y su innata limitación, ya que el pobre hombre se atrancaba incluso en sus propios diálogos (muchos improvisados, la verdad). En la mencionada familia podíamos encontrar un poco de todo: desde la típica abuela coñazo al hijo subnormal que todos querríamos tener para poder matarlo, por ejemplo, cuando pierde nuestro equipo de fútbol.

Así, el hijo mayor, Juanvi (Daniel Guzmán) iba de taxista intelectual y pajillero sin tener muy claro a quien trajinarse, si a su novia de toda la vida (María Adánez) o a la mecánica del taller, tiparraca de voz nasal pero con un buen par de berzas que hacían que su pito no nos molestase lo más mínimo, sobre todo cuando no llevaba sujetador y el tetamen se la salía por todos los lados. Al final, al muy capullo lo mandaron a tomar por saco (pibas y productor) y lo sustituyeron por un cenutrio famoso en toda España por haber hecho de imbécil integral en un anuncio de telefónica (¡Wow, que currículum!). El hijo mediano era Jorge (Julián Gonzalez, el repelente Guille en la farmacia que nunca cerraba). Aquí el pelopanocha era secundario entre secundarios y sólo se le dio bola para recibir alguna que otra hostia de vez en cuando, para alegría del televidente. Martita era la hija pequeñita y ratita de los cojones, un personaje puramente prescindible y que servía para que el Fary descargase su aliento a coñac en forma de besitos mientras el espectador medio suplicaba por verla morir atropellada por su propio padre. Sin embargo la muerte no alcanzó ni a la jodía niña, ni a la plasta de la abuela Felisa, ser fisgón e insoportable, sino a la mujer del Fary, una Kiti Manver en horas muy bajas que, con cara de estar pelando cebollas las 24 horas, un buen día nos dejó para que pudiéramos ver al Fary llorar y contagiarnos del espíritu de familia mierdera que se respiraba en cada capítulo. Su hermano Antonio (Miguel Rellán), era el dueño del típico bar lleno de grasa, ful y viejales cebolletas en busca de almejitas frescas, haciendo de contrapunto a los excesos del Fary. Vamos, vestidos de toreros, ¡El Pulga y el Linterna del barrio! Finalmente, la cuñada Rosi (María Garralón), recién salida de hacer de poli foca en la farmacia de los huevos (seguramente enchufada por el “pelirrojo-mala suerte”), y repitiendo su papel más logrado hasta la fecha: “fracasada-amargada-patética-suicídate-ya”.


Y además de los mencionados, encontramos otros personajes sin ningún desperdicio. Por un lado Trampas, mejor amigo del Fary y taxista como él, refleja al español cañí, siendo cateto, desagradable, mezquino y encima ludópata. Pero gracias a él, Fary pudo dejar una frase para el recuerdo: estando Trampas en una timba clandestina donde le están desplumando, aparece por allí para salvarlo. El matón de turno (Pau Gasol a su lado) le dice: "¡Eh, tú, enano!". Y Fary responde: "Enano no, ¡Recortaíto!" y le lanza un directo a la mandíbula. El machaca, obviamente, tiene que agachar la cabeza tres cuartas para que el golpe parezca que le da, pero de cara al espectador, queda claro que el Fary es Superman con dientes. Y Trampas, agradecido ¡Por esta, Fary! En último lugar, el delirio total, porque resulta que, en su despendolada juventud, Fary, cual semental, preñó a una sueca y ahora se nos presenta en la puerta de la casa una vikinga de 1,80 que dice ser su hija… A ver, niña, ¿Tú no fuiste a clase cuando explicaron las Leyes de Mendel y lo de los genes dominantes y recesivos, verdad? Pero en fin, Fary cae muy bien y pese a su atolondrado gracejo y su aspecto simiesco, conquistará su corazón y será el padre que nunca tuvo ¡Cómo la vida misma! Y así, visto lo visto, hasta “Los Serrano” parece que no son una puta mierda, ¿Verdad? Mientras Antena 3 se plantea putearnos programando su reposición, vosotros… ¡No cambiéis de canal y hasta la próxima!

Dedicado al Fary, estés donde estés ¡Carambirurí, carambirurá…

2 comentarios:

CRISTINA dijo...

Jo, el canal nostalgia desmorona todos los recuerdos felices de las noches delante de la tele con la bolsa de palomitas...

EL LOBO ESTEPARIO dijo...

ese fary y ese torito bravo que grande aunque la serie era una full yo me la tragaba como un campeon